La primera luz del sol entró por la ventana de la casa vieja. Cayetano estaba encarcelado en una habitación segura, y Elena estaba en otra, esperando a que la manada decidiera su suerte. Todos estábamos cansados, pero llenos de alegría. Rosa estaba preparando café en la cocina — la misma cocina donde mi abuela me había hecho tarta de manzanas.
“Oléame esto”, dijo Rosa, pasándome una taza de café. “Tiene canela y clavo — mi madre me enseñó a hacerlo así. Ayuda a despertar el alma.”
Me bebí un so