Cuando abrí la puerta de la casa, el olor de madera vieja y humedad me golpeó. Recuerdo que antes, este lugar olía a flores y leña encendida — a hogar. Ahora, olía a miedo y crueldad. Cayetano se paró en el centro del salón, con la espada negra en la mano, y Elena se quedó atrás, con la espada pequeña temblando.
“Vení, Selena”, dijo Cayetano, con su voz cruel. “Mostrame ese poder celeste que tanto hablan.”
Yo me acerqué, con Liam a mi lado. La luz lunar brillaba en mis manos, y el colgante en m