Quedaban solo dos semanas para el nacimiento del bebé. Catalina se sentía cansada, pero llena de emoción — cada día, el bebé se movía más, como si estuviera impaciente por conocer el mundo. Santiago nunca se alejaba de ella: la acompañaba a las citas médicas, le preparaba su comida favorita y le leía cuentos al vientre.
"¿Qué le vamos a leer hoy, mi amor?" preguntó Santiago una noche, sentado al lado de Catalina en la cama. Tenía un libro de cuentos antiguos en la mano.
"El cuento de la princes