Eva
El ramo vuelve a subir, pero esta vez no llega a caer.
Daniel se interpone.
No lo hace con delicadeza. No lo hace con educación. Da un paso firme, se pone frente a mí y le agarra la muñeca a Hellen a medio movimiento. Las flores tiemblan entre sus dedos y por un segundo el cuarto entero se queda congelado, como si nadie supiera qué hacer con la escena.
Las maquillistas se miran entre ellas. La mujer mayor abre la boca, pero no dice nada. Alguien suelta un “Hellen…” casi suplicando.