No suena convincente para mí.
Él no se burla.
—Ok —dice—. Entonces vamos.
Hay un silencio breve.
La frase me hace girar la cabeza.
—¿Qué cosas?
Él se encoge de hombros, como si no fuera importante.
—Detalles.
—No me digas “detalles” —le suelto sin pensar—. Eso suena a película mala.
Daniel se ríe.
—Está bien. —Hace una pausa—. Siento que Hellen no es tan inocente como quiere parecer.
Me muerdo el interior de la mejilla.
—No lo es.
Daniel me mira de reojo.
—¿Tú la conoces bien?
—Sí —respondo—. Demasiado.
—Entonces entiendes por qué digo lo que digo.
No respondo.
Daniel sigue manejando, pero hay algo en su postura que me dice que está pensando en otra cosa.
—¿Qué necesitas averiguar? —pregunto.
Él no me mira de inmediato.
—Solo… confirmar algo.
—¿Qué cosa?
Daniel aprieta un poco la mandíbula.
—No puedo decirte todavía.
Me río, incrédula.
—Entonces no me lo menciones —le digo.
—Lo mencioné porque… —se detiene— porque si hoy se complic