Eva
Me despierto tarde.
No porque haya dormido bien, sino porque mi cuerpo decidió apagarse en algún punto de la madrugada, cuando ya no podía sostener más pensamientos. Abro los ojos y durante unos segundos no sé dónde estoy. Luego reconozco el techo, la luz filtrándose por la cortina, el silencio raro del apartamento.
Andrew ya no está.
No es una sorpresa.
Pero duele igual.
Me quedo acostada mirando al vacío, sintiendo ese peso extraño en el pecho que no es exactamente tristeza, pero tampoco calma. Es algo intermedio. Una especie de resaca emocional. Como si todo lo que sentí anoche se hubiera quedado suspendido y ahora no supiera dónde ponerlo.
Escucho movimiento en la cocina.
Rubi.
Me incorporo despacio y camino hasta allá. Ella está de espaldas, revolviendo algo en una sartén. Lleva el pelo recogido de cualquier forma y una camiseta vieja mía.
—Buenos días —dice sin girarse.
—Buenos… —respondo, con la voz un poco ronca.
Se gira entonces. Me observa en silen