Eva
La mañana llegó demasiado rápido.
No dormimos realmente. Andrew apenas cerró los ojos un par de horas y yo me quedé sentada a su lado viendo cómo la luz gris del amanecer se filtraba por la ventana del hospital. El bebé seguía estable. Ya lo habían sacado de cuidados intensivos y todo parece mejorar.
Pero la calma no era paz.
Era espera.
El padre de Andrew se fue temprano al laboratorio. Quería recoger personalmente los resultados. Dijo que no confiaba en que alguien más los trajera. Que ya