GIULIA
El silencio de la cocina me resultaba insoportable. Solo se escuchaba el golpeteo de los cuchillos contra las tablas de madera y el crujido del aceite en la sartén.
Me mantenía con el arma en la mano, los nudillos blancos de tanta fuerza con que la sostenía. Fiorella, en cambio, no dejaba de asomarse por la puerta cada pocos segundos, esperando la llegada de Iván como si su vida dependiera de ello… y en realidad, así era.
Yo no podía apartar los ojos de los rostros sorprendidos de los