GIULIA
Riccardo estaba tirado en el suelo, inconsciente, respirando con dificultad. No me detuve a comprobar si estaba vivo o no. Mi oportunidad estaba frente a mí y no podía desperdiciarla.
Mis manos temblaban cuando tomé un pedazo de vidrio roto que yacía en la alfombra. Era afilado, lo suficientemente peligroso como para servirme de arma, y lo apreté con tanta fuerza que sentí cómo me cortaba la piel. No importaba. La sangre era lo de menos, la libertad estaba en juego.
Salí de la habitación