DANTE
Salí del calabozo con los gritos de Giulia clavados en mi cabeza como cuchillas. No importaba cuánto intentara ignorarlos; estaban ahí, rebotando contra mis sienes, mezclados con el eco de mis propias mentiras. Cada palabra que me lanzó, cada mirada encendida de odio… no era solo un reproche. Era un recordatorio de lo que soy. O peor aún, de lo que nunca seré.
Subí las escaleras con pasos pesados, como si cada peldaño me hundiera más en un pozo del que no habría salida. Cuando al fin cru