DANTE
El aire se tensó como una cuerda a punto de romperse. Alcé el brazo justo a tiempo para detener la mano de Claudia, que ya iba en dirección al rostro de Giulia otra vez.
—Suficiente —gruñí, con la voz baja pero con una fuerza que hizo que incluso los músicos detuvieran sus notas.
Claudia parecía fuera de sí, agitada, con las mejillas rojas y los ojos llorosos, pero de pronto su expresión cambió. Su cuerpo se tambaleó hacia un lado, y por un segundo, creí que se desmayaría frente a todos.