GIULIA
El sol filtraba su luz a través de las hojas del viejo roble del jardín, dibujando sombras irregulares sobre la manta en la que Isabella y yo estábamos sentadas. Ella acariciaba con sus dedos las pequeñas hendiduras del libro en braille que Fiorella le había regalado: un cuento infantil sobre un pájaro que aprendía a volar tarde.
Su concentración me enternecía. Los labios se movían apenas, murmurando las palabras que su tacto descubría, y por un momento sentí algo parecido a paz… algo q