—¿Cómo que viajaremos solos tú y yo? —repitió Ameline, mirándolo boquiabierta, con una mezcla de incredulidad y rabia.
Seth desvió la mirada y suspiró como si ya hubiera ensayado todas las objeciones posibles.
—El tipo está escondido, bajo amenaza, se encarga de retratar gente peligrosa así que no debe extrañarle a nadie… No se va a arriesgar a venir hasta aquí. Así que… no tenemos más opción. Tenemos que ir nosotros.
—¡¿Y no podías contratar a otro?! —espetó ella, poniéndose de pie de un salto