Ameline jadeaba, su cuerpo temblando por la intensidad del encuentro, el aire escapándose de sus pulmones mientras caía sobre la cama junto a Seth.
Su piel aún ardía, y su mente era un torbellino de reproches.
“¿Cómo pude dejar que esto pasara otra vez?”, se reprendía, apretando los puños contra las sábanas. Pero entonces, giró la cabeza y lo vio. Seth también jadeaba, su pecho subiendo y bajando con fuerza, su cuerpo estremeciéndose aún por el eco del placer.
Sus ojos, oscuros y brillantes, l