Llegó el día del ultrasonido, la cita era a las diez, y a las nueve y media Ameline tuvo a Seth en su puerta, diciéndole que quería estar presente sí o sí.
Y claro, eso no le gustaba ni un poco.
—Sé que me odias, me lo dejaste muy claro ayer —masculló Seth con frialdad después de haber forzado la puerta para que lo dejara pasar dentro de la habitación—, pero no acepto perderme este momento, así que vine aquí a negociar contigo.
—¿Negociar? —Lo miró incrédula.
—Puede que pienses que los mafi