Cruzar las imponentes puertas de cristal de la galería fue como entrar a otra dimensión. Mientras Alessandro avanzaba con paso firme, manteniendo nuestros dedos entrelazados con esa naturalidad que ya no me sorprendía, yo no pude evitar retrasar un poco el ritmo, completamente deslumbrada. Los invitados lucían vestidos de alta costura y joyas deslumbrantes que parpadeaban bajo las luces, pero mi atención no se desvió hacia la ropa de nadie. Como arquitecta, mis ojos se fueron directo a la estru