(Narrado por Isabella)
El trayecto de regreso a la mansión transcurrió en una calma reconfortante. Al cruzar el umbral de la entrada, despidiéndome de Axell con un gesto, el peso del largo día pareció aligerarse de golpe. Sin embargo, la verdadera sorpresa me esperaba en el vestíbulo principal. Una de las empleadas se acercó a mí con paso discreto, sosteniendo entre sus brazos un enorme y espectacular ramo de flores blancas y rosadas que inundó el aire con un aroma fresco y dulce. En el centro