La alarma no tuvo que esforzarse mucho por despertarme esta mañana. Me levanté con una energía diferente, sintiendo que por primera vez en mucho tiempo el peso de la rutina ya no me aplastaba el pecho. Me preparé con calma, colocándome un conjunto cómodo pero profesional para ir a la oficina, y bajé las escaleras disfrutando del silencio de la casa.
El aroma del café recién hecho inundaba la cocina mientras terminaba de servirme una taza. Alessandro ya estaba listo para salir. Vestía un traje