La mañana siguiente al regreso de Alessandro llegó envuelta en una paz que jamás imaginé. Después de la intensidad de la noche anterior, temía despertar y encontrarme de nuevo con ese muro de hielo insoportable que él solía levantar cuando sus pensamientos se iban lejos. Pero afortunadamente no fue así. Cuando abrí los ojos, el sol de la mañana entraba con mucha fuerza por el gran ventanal, iluminando toda la habitación. Alessandro seguía mirándome en silencio, con una calidez en sus ojos oscu