Ulva no pudo quedarse quieta. Apenas se recuperó de la visión impuesta por Selene, salió de la cueva de piedra con la manta de piel aún sobre los hombros. El aire seguía cargado de tensión, pero había claridad en su corazón. Cada paso que daba hacia el bosque era una declaración de guerra. La luna, aunque oculta, palpitaba en su pecho. Su juramento estaba intacto. La marca en su cuello brillaba con destellos dorados cada vez que su pensamiento se cruzaba con Kaelion, sentía su fuerza, su sacrif