Ulva despertó con el pecho encogido y la garganta seca, como si el aire de la cueva hubiese sido drenado durante la noche. El calor del cuerpo de Kaelion aún la envolvía, pero la luna… ya no estaba o al menos no como antes. Se sentó lentamente, con la marca en su cuello palpitando como un tambor ancestral. La cueva, antes cálida, tenía ahora una energía distinta, silenciosa, amenazante.
La bruma que cubría la entrada se movía sola, como si tuviera vida. Ulva se acercó envuelta en la manta de pi