Para alguien que pasó mucho tiempo creyéndose el rey del mundo, Gonzalo ocupaba ahora un espacio ridículamente pequeño.
Cristian permaneció de pie junto a la cama, observando con atención el espectáculo frente a sus ojos.
—Traigo buenas noticias, padre —dijo con un tono casual—. Esta mañana cerramos el acuerdo con el grupo inversor. Firmaron todo sin poner un solo pero.
Gonzalo no se movió —tampoco es que pudiera—, pero la fijación en sus ojos delataba que lo estaba escuchando. Cada maldita pal