El teléfono de Damon vibró en el silencio tenso de la camioneta blindada mientras Istok, que conducía con la precisión de un piloto de carreras, ni siquiera se inmutó. Harper se había acurrucado contra el hombro de Damon, agotada por la adrenalina y el aluvión emocional, pero la llamada hizo que ambos se enderezaran.
Era Aurora.
— Lo conseguiste, Damon — la voz de la mujer sonó fría