El aire de las Islas Vírgenes, salado y cálido, apenas suavizaba la tensión en el refugio costero de Damon Kóvach, era una villa minimalista de concreto y vidrio, oculta en una ladera boscosa, con vistas al turquesa del Caribe.
Istok había improvisado una central de comando en la sala de estar con su equipo satelital.
Damon caminaba de un lado a otro, y Harper estaba en la terraza, con la vista perdida en la inmensidad del mar deseando con todas sus fuerzas que todo aquello tuviera un fin, o, a