El calor del beso de Harper aún ardía en los labios de Damon. No podía conciliar el sueño. Acostado en la inmensidad de su cama, se sentía extrañamente inquieto y, al mismo tiempo, en paz.
Era una sensación que no había experimentado en años, un bálsamo para su alma que se había acostumbrado a la soledad. Se tocó los labios con las puntas de los dedos, como si quisiera asegurarse de que el momento fuera real, no un producto de su mente atormentada.
A pesar de su arrepentimiento inicial, el beso