Los días siguientes al regreso de Damon del hospital se habían establecido en una extraña, pero reconfortante, rutina. La mansión, antes enorme y solitaria, ahora se sentía refugio compartido para Damon con la presencia de la niñera.
El convenio que él había sellado con Harper en el hospital se había manifestado en una nueva dinámica. Cada mañana, con el primer albor del sol, Harper esperaba en el jardín.
El aire fresco y húmedo de la madrugada era su único compañero, junto con el sonido suave