El silencio de la habitación del hospital era un manto protector. La luz tenue de la lámpara de la mesita de noche creaba un aura de paz alrededor de la cama de Damon.
Harper, con la cabeza apoyada en el borde del colchón y su mano suavemente entrelazada con la de él, se había quedado dormida. Su sueño no fue tranquilo, ni mucho menos.
Era un portal de regreso al infierno que había creído dejar atrás. Los cómodos cojines del sillón se disolvieron, el aroma a antiséptico y café se desvaneció, y