La noche había sido un frágil refugio, pero la mañana trajo consigo el peso aplastante de la culpa. Lucía despertó con el brazo de Damián sobre su cintura, su respiración profunda y serena contra su espalda. Ese momento de paz fue lo último que tuvo antes de que la ansiedad la estrangulara.
Mientras preparaba café en la pequeña cocina, viéndolo ponerse la camisa con esos movimientos precisos que tanto conocía, las palabras se le acumularon en la garganta. El secreto de la USB quemaba como un ca