El chasquido sordo de la puerta blindada al cerrarse a su espalda fue el último sonido claro que Damián registró antes de que el mundo se convirtiera en movimiento puro, adrenalina y violencia calculada. No miró atrás. No podía permitirse esa debilidad. Había sellado a Lucía en la oscuridad, y ahora su cuerpo era la única barrera entre ella y los diez hombres que doblaban la esquina del pasillo metálico, sus linternas cortando la penumbra como sables.
No hubo diálogo. No hubo advertencias. El p