La mañana del día siguiente, Lucía se despertó antes de que sonara el despertador. Se quedó un rato mirando el techo, pensando en lo que le esperaba. Un café. Solo un café.
Se levantó, se duchó, y abrió el armario. La ropa de siempre: blusa clara, pantalón oscuro. Lo cogió, lo dejó en la cama, y se quedó mirándolo. Luego miró hacia el fondo del armario, donde colgaba una blusa de seda color marfil que hacía meses que no usaba. Más favorecedora. Más femenina.
—No —dijo en voz alta—. Es solo un c