El almacén olía a humedad, a metal oxidado y a salitre. Las paredes de ladrillo visto tenían manchas de humedad que subían desde el suelo, y la luz entraba en rayos polvorientos por las ventanas altas y sucias. Cajas de madera rotas y restos de maquinaria abandonada se apilaban en las esquinas, proyectando sombras largas en el suelo de cemento agrietado.
Damián estaba de pie en el centro del espacio, con las manos a la vista y una mochila colgando de su hombro. En su oreja, apenas visible, el p