Mundo de ficçãoIniciar sessãoLucía no podía estar quieta.
Llevaba horas paseándose por la pequeña sala contigua a la villa que habían habilitado como zona de espera. Un sofá incómodo, una mesa baja con revistas viejas, una máquina de café que llevaba media hora sin usar. Sus pasos iban de la puerta a la ventana, de la ventana a la puerta. El móvil en su mano, el único contacto con el exterior, seguía mudo.Nadie llamaba. Nadie decía nada.Habían pasado cuatro horas desde que Damián salió con Ad






