32. Reflexiones de Hadriel
La mañana se desplegaba ante ellos como un lienzo de suaves tonos pastel, con el sol emergiendo con lentitud sobre el horizonte. El cielo estaba teñido de azules suaves y rosados tenues, creando una atmósfera de calma y serenidad. Hadriel se encontraba en el asiento trasero del lujoso automóvil, mirando, distraído por la ventana mientras conducía con mano firme en volante, pero sin prisa.
El ruido del motor y el suave roce de las ruedas contra el pavimento generaban una banda sonora monótona que