Abrí los ojos con las primeras luces del día. En unas horas estaría sellado nuestro futuro y eso en parte me aterraba. Algo en mí me empujaba a pensar que la cofradía no quedaría conforme con ese pacto.
De todas formas, ahora mismo necesitábamos tiempo. Un tiempo que compraba ese acuerdo.
Me giré buscando el calor de Romano, pero no estaba. Me asusté. Su silla seguía junto a la cama, pero… entonces escuché abrirse la puerta del cuarto de baño.
De este salía Romano con el pelo mojado y algunas g