46. No me excluyas, es lo único que te pido
El siguiente par de días no había sido muy diferente a ese.
En las cenas, donde era inevitable toparse, apenas e intercambiaban monosílabos; sin embargo, una noche, cansado de su indiferencia, Emilio intentó hacer más amena la noche.
— ¿Cómo te has sentido? — le preguntó, con el pulso disparado y la mirada puesta en ese pequeño cuerpecito al otro extremo de la mesa.
La muchacha, sin esperar que esa noche fuese distinta al resto, alzó la vista por unos cortos segundos y volvió a su plato, casi l