El corazón del guardaespaldas: 40. Una chica increible
Dos semanas después…
— Buenos días, rubia — le susurró Leonardo a su novia, quien despertaba justamente.
Ella abrió los ojos de a poco y se desperezó con una sonrisa antes de echarse a sus brazos.
— Regresaste — murmuró quedamente, todavía somnolienta.
— Por supuesto que sí — dijo y besó delicadamente sus labios — te dije que lo haría, además, no me perdería por nada del mundo la presentación que harás hoy.
Ella sonrió y se estrujó los ojos, ahora acomodándose en el borde de la cama.
— Y yo te