El corazón del guardaespaldas: 37. Hola, rubia
Para dar con ella, tuvo que ser sincero sobre sus sentimientos y hacer una promesa: no volver a romper su corazón ni hacerla llorar.
Era una amenaza qué, después de apostar por ese inesperado amor, Emilio se la hizo saber.
En un principio no corrió con demasiada suerte, sabía que podía llegar primero a Grecia y a ella a su marido; él no veía por otros ojos que no fuesen los de ella, por lo que cuando obtuvo una dirección como respuesta, se sintió realmente agradecido.
Cuando se enteró por Gre