Dimitri levantó a Amelia en el aire, sin dejar de besarla. Ella enredó las piernas en torno a su cintura.
Separó sus labios de los de ella el tiempo justo para llevarla hasta la sala y tenderla sobre el sofá más largo. Su boca volvió a estar sobre la de ella casi de inmediato.
Amelia llevó las manos al cinturón de Dimitri y lo desabrochó con movimientos acelerados, ligeramente torpes. Bajó el cierre y deslizó el pantalón junto con el bóxer lo suficiente para sacar su miembro.
—¡Maldición! —gruñ