El auto atravesó un portón de madera y avanzó por un camino de piedra durante unos segundos antes de detenerse. Habían viajado casi una hora hasta Staten Island y Amelia no tenía idea de lo que hacían allí.
A través de la ventana, alcanzó a ver una inmensa casa de dos pisos, lo que solo aumentó su confusión.
—Más te vale que no sea una cena de negocios ni nada parecido, porque no estoy vestida para la ocasión.
Dimitri le lanzó una mirada descarada que le provocó un escalofrío.
—Siempre estás p