Amelia no podía dejar de jugar con sus manos mientras esperaba sentada en la sala. Sus dedos se entrelazaban y se soltaban sin descanso. Apenas unos minutos antes, uno de los guardaespaldas había informado a Dimitri que su padre ya estaba en el edificio.
Dimitri estaba sentado a su lado, sereno como siempre. Él había pasado la mañana trabajando, mientras ella intentaba apagar incendios.
Su única clienta había pedido el reembolso. El contrato no permitía la cancelación si no se había roto ningun