Dimitri apretó la mandíbula al leer el mensaje en su celular. Desde que había llegado el primero, no habían cesado y, aunque sus hombres habían rastreado números y servidores, todavía no lograban dar con el remitente. Dimitri jamás subestimaba una amenaza. Y mucho menos una cuyo origen desconocía.
Guardó el teléfono en el bolsillo del pantalón y se dirigió hacia la terraza, decidiendo no pensar en el asunto por el momento. No había mucho más que pudiera hacer, se preocuparía de ello cuando regr