El sol aún no asomaba cuando fuertes golpes en la puerta irrumpieron en el silencio del amanecer. Sobresaltada, Sol se incorporó en la cama, se puso sus pantuflas y una bata que cubría su cuerpo.
Tomó el celular de la mesita, y una mezcla de asombro y desconcierto la invadió al ver la hora " las tres de la mañana".
—¿Quién puede ser a esta hora? —pensó, mientras otro golpe más fuerte la hizo estremecer.
Respiró profundo, se acercó a la puerta y miró por la rejilla. Al otro lado se distinguía