En la habitación, Alicia caminaba de un lado a otro, incapaz de contener la desesperación que le oprimía el pecho.
- Es ella… no puede ser una ilusión - susurró para sí, mientras trataba de controlar el temblor en sus manos.
El eco de sus pasos se mezclaba con el suave zumbido del aire acondicionado. La habitación, ordenada pero fría, parecía encerrar su mente en una espiral de ansiedad. De pronto, un pensamiento la golpeó con fuerza, obligándola a detenerse en seco.
- Ella no me reconoció… ni