la pulsera.

Las cosas para Sol habían encontrado un ritmo, por fin. Los problemas no habían desaparecido, pero respiraban, como un animal agotado. La noticia de Alicia, vibrante y nueva, no dejaba espacio para nada más en su cabeza.

Terminó su turno con la mente en otra parte. Firmó el parte, guardó su estetoscopio y cruzó las puertas del hospital. La noche la recibió, fresca. En lugar de ir directo a casa, desvió sus pasos hacia el pequeño parque cercano. Necesitaba pensar, o mejor, dejar que la esperanza
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