El día de la fiesta finalmente llegó.
Desde muy temprano, la mansión Drucker era un completo caos. Personas iban y venían de un lado a otro, cargando cajas, acomodando mesas, ajustando decoraciones y ultimando cada detalle del evento. El jardín parecía un lienzo en constante movimiento, mientras el salón principal se llenaba poco a poco de elegancia y luces cálidas.
Carmen observaba todo desde el centro del salón, con una expresión concentrada. Cuando comprobó que cada detalle estaba exactament