La situación para Walter Potter era cada vez menos sostenible. La aparición de su sobrina, Sol, como una inquietante sombra del pasado, se sumaba a la pesadilla de los números rojos que ahogaban a la compañía. Su "negocio externo", aquella red de favores turbios y desvíos de capital, estaba paralizado, estrangulado por la vigilancia implacable de ese sector de las fuerzas armadas que parecía respirarle en la nuca. La presión era una losa sobre su pecho. Hablaba irritado, con los nervios al aire