Mabel
Cada escalón que desciendo me llena de seguridad. No quiero parecer demasiado tonta porque realmente no lo soy ni demasiado insolente, aunque sí lo sea cuando la ocasión lo merece, decidí ser la profesional que contrataron, empezar de nuevo, disculparme por mis errores y dar lo mejor de mí.
Mi vida se desordenó y eso no me agrada, estuve a punto de tocarme con la jodida rosa negra, ese límite, al menos, no lo crucé.
Respiro profundamente antes de entrar al comedor; es amplio, elegante,