Faddei
Estoy en medio de un círculo de hombres que necesitan violencia para sentirse vivos, estoy descalzo, sin camisa, sudado, lleno de salpicaduras de sangre y enardecido.
Mis nudillos golpean a mi oponente, pero esta vez no hay precisión sino enojo.
Escucho gritos, apuestas y el coro que dice “¡Muerte! ¡Muerte! ¡Muerte! Son ratas hambrientas, siempre lo han sido, mis puños destrozan su rostro ocasionando que la sangre salpique en mi piel expuesta.
Aunque los gritos eufóricos llenan mis oídos, no escucho nada, porque en mi mente no está el hombre frente a mí, sino Mabel.
La imagen en bragas y con la rosa negra entre sus piernas me dejó tenso y de mal humor.
Y el imbécil frente a mí cree que tiene oportunidad. Error clásico, baja la guardia y siento el impacto en mi mandíbula, fuerte, aunque no lo suficiente para derribarme.
El impacto ocasionó que retrocediera y cuando la navaja en las manos de mi oponente brilla Vicenzo se inquieta, hago un ademán con mis dedos, no quiero que i