Faddei
Estoy en medio de un círculo de hombres que necesitan violencia para sentirse vivos, estoy descalzo, sin camisa, sudado, lleno de salpicaduras de sangre y enardecido.
Mis nudillos golpean a mi oponente, pero esta vez no hay precisión sino enojo.
Escucho gritos, apuestas y el coro que dice “¡Muerte! ¡Muerte! ¡Muerte! Son ratas hambrientas, siempre lo han sido, mis puños destrozan su rostro ocasionando que la sangre salpique en mi piel expuesta.
Aunque los gritos eufóricos llenan mis oíd