Faddei
Dormí.
Como no lo hacía hace semanas, caí rendido y no por el alcohol o el agotamiento, sino como alguien que, por fin, deja de pelear con sus propios demonios.
Dormí profundo, sin sobresaltos, sin imágenes de sangre, sin el eco constante de decisiones que me perseguían desde hacía semanas y sin temor a no verla jamás.
Lo hice confiado porque ella estaba conmigo.
Sentí su cuerpo tibio contra el mío, su presencia fue el ancla que necesitaba. En toda la noche Mabel respiraba de forma