Faddei
Despertar fue como volver a caer en el infierno que yo mismo cree.
No abrí los ojos de inmediato, el dolor estaba ahí antes que mis parpados se abrieran, profundo y tormentoso, sirviendo como un cruel recordatorio de que sigo vivo y de que alguien nuevamente había fallado en matarme.
El pitido constante de las máquinas punza en mi cabeza de forma insoportable y el olor a hospital impregno mis fosas nasales.
Respiré hondo y el pecho me dolió. —Tranquilo, mi señor. —dijo una voz conocida.